Educación podría precipitar la licitación

Los rumores sobre la licitación del nuevo pliego cada vez suenan con más peso. La propia Agencia a estas alturas ya habría reconocido que el “SAR” es “chapucero”. Educación podría sacar a concurso público, a través de la Agencia, el servicio en los próximos meses.

2+2 son 4. Pero esta vez quizás no sea así. Los rumores sobre la licitación del nuevo pliego cada vez suenan con más peso. 24 meses son más que suficientes para que cualquiera, en su sano juicio, se haya percatado que mantener el actual servicio es seguir tensando aún más el hilo. La propia Agencia a estas alturas ya habría reconocido que el “SAR” es “chapucero”. Es cuestión de ahora o nunca.

El descontento ya no sólo de los centros, sino de hasta la propia Consejería, son factores que podrían precipitar el adelanto de la convocatoria de licitación. El presupuesto tan ajustado, que con la subida del SMI se ha llevado a cabezas por delante, también juega a favor de un nuevo pliego.

Tal y como cuando “se la meto doblada” a antiguos técnicos, fue lo que hizo Isotrol con la Agencia. Las ofertas económicas presentadas por esta empresa representaban casi el 50% de la llamada baja temeraria, que marca el umbral de diferencia entre el presupuesto de licitación y el de adjudicación. En otras palabras, la oferta de Isotrol era menos de la mitad que el presupuesto base.

Educación podría sacar a concurso público, a través de la Agencia, el servicio en los próximos meses, si sigue la tónica que viene usando desde 2015: licitación en marzo-abril, adjudicación en torno a junio y formalización en julio. Es de suponer que los pliegos vendrían “escoltados” para que cualquier empresa no vuelva a meterle otro gol por la escuadra.

Las empresas no se verían obligadas a contratar a todo el personal en plantilla, pero se entiende que si a una mayoría. No tendría sentido volver a echar a más de la mitad del personal para luego volver a contratar y hacerlo todo rodar desde cero, máxime cuando es un favor para la Agencia, y para los centros por el impacto que tiene, reducir los tiempos de “transición” al nuevo servicio.

Estará por ver si se repiten varios criterios, como seguir requiriendo como mínimo  a 30 personas, cuando, lo que se busca desde la Agencia es un mínimo que oscile entre 40 y 45. Requeriría, por ende, ajustar las ofertas y el presupuesto del servicio -que en un principio debería seguir contando con 2.200.000€- para que la relación plantilla/oferta encaje.

Otras sorpresas podrían venir de la mano del programa de mantenimiento. Tratándose de un servicio esencial y básico para los centros y que a estas fechas aún siquiera se haya licitado es para hacer pensar que, efectivamente, podría venir integrado junto al CGA en la próxima convocatoria de licitación.

El balance de técnicos en los departamentos debería verse también regulado. El actual servicio pasa por estar orientado más a soporte que a otras áreas estratégicas como Desarrollo. Capacidad y Seguridad es también otros de los grupos que por su peso deberían verse reforzados, para garantizar la seguridad -que hace aguas- tanto de la infraestructura interna como de los centros.

La recta final se acerca. Sólo habría que esperar dos meses más para corroborar si, en efecto, esta vez se va por el camino bueno o si la Agencia sigue en su realidad paralela, y nunca mejor dicho, haciendo oídos sordos y tomando decisiones que terminen por reventar el actual hilo tensado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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